INTRODUCCIÓN

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JOAQUÍN GÓMEZ CARRILLO, escritor de Cieza (Murcia), España. Es el autor del libro "Relatos Vulgares" (año 2004), así como de la novela "En un lugar de la memoria" (año 2006). Ha publicado igualmente cuentos, poesías y relatos en revistas culturales, como "La Sierpe y el Laúd", "Tras-Cieza", "La Puente", "La Cortesía", "El Ciezano Ausente", "San Bartolomé" o "El Anda"; o en el libro editado por Vita Brevis titulado "El hilo invisible". Así mismo, participa como articulista en el periódico "El Mirador de Cieza" bajo el título genérico: "El Pico de la Atalaya" (antes "La República de Cieza"). Ha publicado en internet el "Palabrario ciezano y del esparto".

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1/5/16

Lo mudéjar

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Torre de "El Salvador", Teruel, a la salida del sol
Cuando voy por ahí me encanta ver cómo la gente sabe sacar provecho de aquello que tiene, cómo lo cuidan y ponderan, y cómo lo saben ofrecer y vender al visitante. Incluso, en la mayoría de los casos, han sabido convertir en iconos algunas de esas cosas para exportarlas fuera, ya sea mediante estampaciones en prendas de vestir o en los más variados objetos si de imágenes se trata, ya sea de cualquiera otra manera, tales como figuras, reproducciones a escala, útiles domésticos, complementos personales, productos alimentarios o especialidades gastronómicas. Todo elemento autóctono, con imaginación, puede convertirse en objeto representativo de un lugar. (Imagínense, por ejemplo, el pico de la Atalaya reproducido en figuritas de terracota... No nos lo creemos, ¿verdad? Pues si lo tuvieran en otro pueblo, lejos de estos lares donde no damos importancia a nada de lo nuestro, ya lo estaría vendiendo como churros).

Es verdad que si damos un repaso a la geografía nacional, existen monumentos o construcciones icónicas únicas y envidiables; piensen, por ejemplo, en la Sagrada Familia de Barcelona, en la Torre de Hércules de La Coruña o en el Acueducto de Segovia; nada puede tener tanto atractivo y ser tan definitorio de una ciudad o una región. Piensen en los Picos de Europa, ante los cuales nada puede igualarse en belleza natural; o piensen en la paella valenciana (por cierto, y que me disculpen los valencianos, no le llega al zancajo a los arroces que sabemos hacer en Murcia, pero ya saben: “Unos llevan la fama y otros cardan la lana”). Luego, hay infinidad de pueblos y comarcas que han buscado entre sus cosas y han descubierto algo maravilloso que ofrecer, como el albariño de las Rías Bajas, la ensaimada mallorquina o los miguelitos de la Roda. Pero, ¿y en Murcia?, ¿qué tiene Murcia emblemático para ofrecer al visitante, los paparajotes...? ¿Y en Cieza?, ¿tenemos algo que pueda ser nombrado y deseado por foráneos allende nuestros límites? Habría que pensar en eso.

Les comentaba todo esto porque hay una ciudad (antes “no existía”, salvo para recordar que en la maldita Guerra Civil fue tomada por un bando y retomada después por el otro con feroces combates durante el crudo invierno de 1937-1938), que es Teruel. ¿Saben lo que están explotando maravillosamente, aparte del famoso “Torico”, que no es más que una figurica de a palmo encima de una columna? El arte mudéjar. En toda esa región aragonesa hay mucha construcción mudéjar, pero en la capital turolense, donde más. Así que el icono por excelencia es la famosa estrella de ocho puntas: dos cuadrados superpuestos. La autovía que va de Teruel a Zaragoza se llama así: “Autovía mudéjar”, y está plagada, en sus puentes y en sus rotondas, con el mentado símbolo: la estrella mudéjar.

¿De dónde les viene el desarrollo de este estilo arquitectónico? De los moros. De los árabes que iban quedando dentro de los territorios conquistados cuando las fronteras de los reinos cristianos iban avanzando a lo largo de la edad media. (La “reconquista”, nacida en Asturias, duró en torno a ochocientos años, por eso siempre se ha dicho de una cosa pesada por duradera: “¡...Esto va a durar más que los moros en España!”) Pero los mudéjares existieron antes de que la presión política obligara a la población musulmana a convertirse al cristianismo, que entonces se empezó a hablar ya de los “moriscos”: árabes que por no abandonar su tierra que les vio nacer aceptaban el paripé oficial de abjurar del Islam y abrazar la fe de Cristo; hasta que finalmente se materializó la expulsión de los moriscos, ¡hala! Por lo que hoy en día, en algunos pueblos del Valle de Ricote, sin ir más lejos, se reivindica la figura de “los expulsos”.

Sin embargo, hubo periodos históricos, por el contrario, que tras ser tomados pueblos y ciudades por las huestes cristianas y pasar estos a formar parte de los reinos conquistadores, se permitía en ellos la población árabe con sus prácticas religiosas y su cultura islámica (sometida al poder dominante, pero libre en cierto modo para continuar con su modo de vida). Y estas personas fueron las llamadas “mudéjares”, termino opuesto, por cierto, a lo que siglos antes habían sido los “mozárabes” (cristianos que vivieron bajo el dominio musulmán de Al-Andalus, a los que con el tiempo se les impondría la conversión a la religión agarena, incluso la deportación al norte de África). De manera que de la influencia del poder hegemónico cristiano y el arte conservado por la morería sometida, floreció un nuevo estilo arquitectónico hispanomusulmán: el mudéjar, cuyo máximo exponente se conserva, y muy bien, en la mismísima urbe de Teruel, declarada patrimonio de la Humanidad, siendo icono de esta la famosa Torre de la iglesia de El Salvador.
©Joaquín Gómez Carrillo

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Cuentos del Rincón es un proyecto de libro de cuentecillos en el cual he rescatado narraciones antiguas que provenían de la viva voz de la gente, y que estaban en riesgo de desaparición. Éstas corresponden a aquel tiempo en que por las noches, en las casas junto al fuego, cuando aún no existía la distracción de la radio ni el entoncemiento de la televisión, había que llenar las horas con historietas y chascarrillos, muchos con un fin didáctico y moralizante, pero todos quizá para evadirse de la cruda realidad.
Les anticipo aquí ocho de estos humildes "Cuentos del Rincón", que yo he fijado con la palabra escrita y puesto nombres a sus personajes, pero cuyo espíritu pertenece sólo al viento de la cultura:
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* Tres mil reales tengo en un cañar
* Zuro o maúro
* El testamento de Morinio Artéllez
* El hermano rico y el hermano pobre
* El labrador y el tejero
* La vaca del cura Chiquito
* La madre de los costales
* El grajo viejo
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Frases para la reflexión:

"SE CREYÓ LIBRE COMO UN PÁJARO, Y LUEGO SE SINTIÓ ALICAÍDO PORQUE NO PODÍA VOLAR"

"SE LAMÍA TANTO SUS PROPIAS HERIDAS, QUE SE LAS AGRANDABA"

"SI ALGUIEN ES CAPAZ DE MORIR POR UN IDEAL, POSIBLEMENTE SEA CAPAZ DE MATAR POR ÉL"

"SONRÍE SIEMPRE, PUES NUNCA SABES EN QUÉ MOMENTO SE VAN A ENAMORAR DE TI"

"SI HOY TE CREES CAPAZ DE HACER ALGO BUENO, HAZLO"

"NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE Y LO HIZO"

"NO HAY PEOR FRACASO QUE EL NO HABERLO INTENTADO"