INTRODUCCIÓN

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JOAQUÍN GÓMEZ CARRILLO, escritor de Cieza (Murcia), España. Es el autor del libro "Relatos Vulgares" (año 2004), así como de la novela "En un lugar de la memoria" (año 2006). Ha publicado igualmente cuentos, poesías y relatos en revistas culturales, como "La Sierpe y el Laúd", "Tras-Cieza", "La Puente", "La Cortesía", "El Ciezano Ausente", "San Bartolomé" o "El Anda"; o en el libro editado por Vita Brevis titulado "El hilo invisible". Así mismo, participa como articulista en el periódico "El Mirador de Cieza" bajo el título genérico: "El Pico de la Atalaya" (antes "La República de Cieza"). Ha publicado en internet el "Palabrario ciezano y del esparto".

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9/12/18

Cómo ser buen samaritano y no morir en el intento

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Palacio de Riofrío, cercanías de la Granja de San Ildefonso (Segovia)
Muchos años después de que Jesús predicara por los andurriales de Galilea, dicen que otro buen samaritano que iba a cavar su viña, la cual distaba varias jornadas de su casa, volvió a encontrar a un pobre desvalido junto al camino (igualico que aquel del Evangelio, ¿se acuerdan?, pues la historia siempre se repite). Entonces se detuvo y se puso a curarle las heridas, pero resultó que el pobre harapiento, además, huía de la extrema miseria e injusticia que imperaban en su región, aunque no podía caminar por sí mismo ni pagarse otro medio para viajar.

Así que el buen samaritano lo subió a su asno, pues consideró en conciencia que de no hacerlo, el hombre moriría víctima del frío, el hambre, la enfermedad o las fieras. De manera que hubo de desviarse de la ruta para ir a cavar su viña; y no solo eso, sino que también le acompañaban cuatro jornaleros que había contratado, a los cuales debía pagarles el salario acordado y la mantenida. Sin embargo el buen samaritano no dudó en ayudar al pobre desvalido, aunque perdiera su jornada de trabajo y la paga de sus jornaleros.

Camino adelante halló unos hombres bien vestidos que le hablaron en nombre del gobierno, los cuales le dijeron que no podía entrar con aquel desgraciado en la ciudad, pues quizá tuviese una enfermedad contagiosa o pobreza extrema, cosa que ya no consentían en aquella región, pues adoraban su propio estado de bienestar. Además le advirtieron que existía un código estricto para estos casos y había que cumplirlo, unos tratados suscritos entre varias ciudades ricas para defenderse de la invasión de desheredados que intentaba atravesar la frontera, a veces a vida o muerte. El caso es que el buen samaritano hubo de dar media vuelta y tomar otra dirección, para ver si podía dejar al pobre inválido en otra ciudad; al tiempo, lo cuidaba dándole a comer de sus viandas, abrigándolo con una manta propia y atendiéndole sus males.

Al cabo de un día y medio caminando, el buen samaritano y sus jornaleros (que no podían dirigirse a cavar la viña por razones obvias), se toparon con unos guardias que también les negaron el paso: “no aceptamos personas sin papeles de regiones pobres”, dijeron, refiriéndose al mísero extranjero. Era la norma, ya que aquella ciudad había adquirido alto grado de democracia y sus políticos no toleraban ilegales, y aquel que iba sobre el asno era tan pobre, que carecía de pasaporte o salvoconducto. Sin embargo, era uno más de los muchos que sucumbían diariamente de hambre, enfermedad y violencia en otras regiones.

Así que el buen samaritano, aunque se encontraba lejos de su casa, pensó que quizá podría llevar hasta su pueblo a aquel infeliz; allí no se negarían a atender sus necesidades y salvarle la vida. Pero al poco de caminar en tal dirección, halló un alto emisario que habían enviado los políticos de su ciudad, el cual le dijo: “nuestros gobernantes han sido alertados de que tú y tus jornaleros habéis desviado la ruta para ir a cavar la viña por causa de tu conciencia samaritana, de modo que hemos sido enviados en nombre de nuestros ministros para impedir que regreses con ese pobre sarnoso o leproso o miserable extranjero sin papeles. Por lo que, según las leyes y los tratados, debes abandonarlo en la población más cercana al lugar donde lo recogiste”.

Sin embargo el buen samaritano tenía en mente que los políticos de su ciudad, no hacía mucho tiempo se habían dado un baño de “buen samaritanismo”, pues habían recibido a bombo y platillo a un grupo de menesterosos sin papeles, procedentes de una región pobre y plagada de malhechores; pero eso lo habían hecho solo para mostrar al mundo sus virtudes farisaicas de buen gobierno: “¡mirad, gobernantes de todas las ciudades y políticos de toda ideología, aquí somos los más caritativos, generosos y buenos samaritanos!” Mas no pasó de ser un gesto de un día, pura propaganda de buenismo, como aquellos ricos buñuelianos que daban de cenar a un pobre en Navidad y negaban la caridad todo el año. Pues al día siguiente, dichos gobernantes continuaron rechazando con dureza a los miles de mendigos que pretendían llegar hasta su ciudad, siquiera para comer unas migajas de las que caen de la mesa.

Además, el buen samaritano comunicó al hombre que llevaba sobre el asno las intenciones de aquellos políticos lustrosos, y éste dijo que mejor lo dejase tirado en una cuneta, que por nada volvería a su pueblo natal, donde imperaba la injusticia y donde le agrandarían las heridas por haber intentado escapar a otra región; “prefiero morir”, dijo. Sin embargo, el buen samaritano, sobrado de paciencia, probaría llegar a otras ciudades donde hubiese un poco de humanidad; mientras tanto pagaría y mantendría a sus jornaleros, que le acompañaban en aquel periplo de infortunio y egoísmo. Hasta que por fin, al cabo de diez días, en una aldeíta prometieron hacerse cargo de forma temporal del infortunado y triste extranjero, por lo que el buen samaritano manifestó sentirse feliz y puso rumbo a su viña.
©Joaquín Gómez Carrillo
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"El viaje de Viernes Santo". Relato publicado en la revista de Semana Santa "La Cortesía", el año 2007. Narra el periplo de unos zagales del Campo de Ricote que decidieron acudir a ver la procesión a Cieza atravesando la Sierra del Oro por el Collado del Portajo.

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Cuentos del Rincón

Cuentos del Rincón es un proyecto de libro de cuentecillos en el cual he rescatado narraciones antiguas que provenían de la viva voz de la gente, y que estaban en riesgo de desaparición. Éstas corresponden a aquel tiempo en que por las noches, en las casas junto al fuego, cuando aún no existía la distracción de la radio ni el entoncemiento de la televisión, había que llenar las horas con historietas y chascarrillos, muchos con un fin didáctico y moralizante, pero todos quizá para evadirse de la cruda realidad.
Les anticipo aquí ocho de estos humildes "Cuentos del Rincón", que yo he fijado con la palabra escrita y puesto nombres a sus personajes, pero cuyo espíritu pertenece sólo al viento de la cultura:
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* Tres mil reales tengo en un cañar
* Zuro o maúro
* El testamento de Morinio Artéllez
* El hermano rico y el hermano pobre
* El labrador y el tejero
* La vaca del cura Chiquito
* La madre de los costales
* El grajo viejo
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Frases para la reflexión:

"SE CREYÓ LIBRE COMO UN PÁJARO, Y LUEGO SE SINTIÓ ALICAÍDO PORQUE NO PODÍA VOLAR"

"SE LAMÍA TANTO SUS PROPIAS HERIDAS, QUE SE LAS AGRANDABA"

"SI ALGUIEN ES CAPAZ DE MORIR POR UN IDEAL, POSIBLEMENTE SEA CAPAZ DE MATAR POR ÉL"

"SONRÍE SIEMPRE, PUES NUNCA SABES EN QUÉ MOMENTO SE VAN A ENAMORAR DE TI"

"SI HOY TE CREES CAPAZ DE HACER ALGO BUENO, HAZLO"

"NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE Y LO HIZO"

"NO HAY PEOR FRACASO QUE EL NO HABERLO INTENTADO"