INTRODUCCIÓN

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JOAQUÍN GÓMEZ CARRILLO, escritor de Cieza (Murcia), España. Es el autor del libro "Relatos Vulgares" (año 2004), así como de la novela "En un lugar de la memoria" (año 2006). Tiene publicados cuentos, poesías y relatos, en revistas literarias, como "La Sierpe y el Laúd", "Tras-Cieza", "La Puente", "La Cortesía", "El Ciezano Ausente", "San Bartolomé" o "El Anda". Es coautor en los libros "El hilo invisible" y "El Melocotón en la Historia de Cieza". Participa como articulista en el periódico "El Mirador de Cieza" bajo el título genérico: "El Pico de la Atalaya" (antes "La República de Cieza"). Ha publicado en internet el "Palabrario ciezano y del esparto".

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21/11/20

¿Cómo andamos en inmigración?

 

Cedro de 1880, Luchón (Francia). Este aún nos enterrará a todos


Es una tragedia. Esto no tiene comparación con las migraciones que realizaban nuestros padres y abuelos para buscarse la vida en Francia o en Alemania; o aquellas otras migraciones de españoles que embarcaban rumbo a la Argentina o a Venezuela anhelando un mundo mejor. No. Nuestros emigrantes de entonces, aquellos de la canción de Juanito Valderrama que tantas lágrimas hacía derramar, no se echaban a un mar o a un océano a vida o muerte; no tenían que venderlo todo y ponerse en manos de traficantes de seres humanos para correr el riesgo de que los dejaran tirados en mitad de una travesía y perecieran como «mercancía» de poco valor. Es verdad que el hambre (aquí en nuestro solar ibérico y en los tiempos injustos de la España pobre) daba muchas «cornás» (eso decía el Cordobés, aquel muchacho desgreñado que agarraba los toros por los cuernos y cuyas ovaciones grabadas servían para adornar los discursos de Franco). Es verdad que eran tiempos grises, deprimidos, de paro y miseria, y muchos hombres, bien solos, bien con la esposa y los hijos, se subían a un tren llevando en la mano una maleta de cartón y atravesaban la frontera por Portbou en busca de horizontes nuevos. Pero aquello era distinto a lo que está ocurriendo ahora. Esto es otra cosa, otro tipo de migración.

¿Tiene Europa solución y respuesta a estos flujos migratorios a la desesperada? ¿Elaboran los países europeos planes para estas avalanchas de seres humanos que huyen no solo de las «cornás» del hambre, sino de las que dan las guerras, las enfermedades, las injusticias, el miedo y la inseguridad. ¿Tiene España, en concreto, una política seria de inmigración? ¿Qué objetivos se plantean los gobernantes españoles al respecto de los miles y miles de personas que llegan maltrechas a nuestras costas, y eso cuando no pierden la vida en el intento? ¿Nos estamos insensibilizando ante este sufrimiento, esta tragedia humana?

Creo que dada la enorme importancia que supone la constante llegada de migrantes a nuestro país, debería existir un «ministerio de Inmigración» con verdaderas políticas de estado, como el de Exteriores, sin veleidades partidistas del momento, que son a veces como fuegos de artificio de cara a los medios de comunicación, y luego nada. ¿Recuerdan el recibimiento  mediático del barco Aquarius en el puerto de Valencia, en junio de 2018? Un campanazo publicitario de lo buen samaritano que era el gobierno gobernante español. Desembarcaron 630 inmigrantes, atendidos por legión de sanitarios y todo tipo de medios (aunque días después se olvidaran de ellos o se los endilgaran a Cáritas, que la Iglesia tiene espalda ancha); pero miren, ese fin de semana, al tiempo del famoso desembarco, portada en todos los noticieros, habían llegado 1.200 personas en pateras a las costas andaluzas, sin cámaras, sin publicidad y, lo peor: como siempre sin saber qué hacer con ellas; y así día tras día.

Actualmente los flujos migratorios llegan a diario a las costas españolas, a Andalucía, a Murcia y, últimamente, en mayor cantidad a Canarias. ¿Hay un plan inmigratorio al respecto o se va «capeando el temporal» con la misma política de siempre? Hacinarlos en recintos sin condiciones medianamente aceptables, meterlos donde sea, mantenerlos encerrados en cualquier lugar, incluso en hoteles, para luego ¿qué? ¿Dejarlos ir a la buena de dios, o de alá, y que se busquen la vida? ¿Devolverlos en la medida que se pueda o que lo acepten terceros países africanos a cambio de dinero? (Marruecos cobraba una pasta gansa por aceptar devoluciones; los dejaban allí en «tierra de nadie» un tiempo y luego, pues ya organizaban los pobres migrantes nuevos asaltos, cada vez más virulentos, a las vallas de Ceuta y Melilla).

Es una patata muy caliente para las autoridades españolas, y la Unión Europea no parece querer mojarse mucho en este asunto. Creo que es necesario un cambio de visión. La inmigración no es un «mal» que algunos países de la U.E. tengan que soportar, entre ellos España. Creo que es cuestión de enfoque, de concepto. Pero hay que tener las cosas muy claras sobre lo que se debería hacer y cómo hacer. Pues ya ve usted, señor presidente: «…se nos llenó de pobres el recibidor», que diría el bueno de Serrat. 
 
Necesariamente hay que preparar infraestructuras adecuadas, y dinero, mucho dinero. La inmigración puede ser «un bien» si nuestros mandatarios, incluidos los de la Unión Europea, elaboran planes adecuados para integrarla en nuestras sociedades, para hacer que esas personas formen parte de nuestra población (al fin y al cabo, la demografía española está mermada de juventud, ya que no se incentivan los nacimientos y, por el contrario, se impiden nacer en torno a cien mil niños cada año). De modo que tenemos que ver la inmigración como un «activo» poblacional. Sin embargo, eso requiere una gran actuación. Lo primero, es obvio, esos millares de personas requieren atenciones sanitarias de calidad, o sea, se necesitan más centros y más profesionales de la sanidad; lo segundo, es la manutención alimentaria y una solución habitacional digna. Después hay que atender a esas personas en el plano educacional: alfabetizarlas en nuestro idioma y en nuestra grafía latina; enseñarles las costumbres y el modo de vida del país que les acoge (es necesario que conozcan nuestra sociedad), y siempre sin perder de vista la presencia de delincuentes o fanáticos religiosos. Después, claro, esas personas no van a estar subsidiadas y mantenidas siempre; habrá, pues, que integrarlas en nuestro mundo laboral. Todo eso supone mucho dinero, pero es una obligación moral y un beneficio social el contar con ellos, con los inmigrantes.
©Joaquín Gómez Carrillo

 

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Cuentos del Rincón

Cuentos del Rincón es un proyecto de libro de cuentecillos en el cual he rescatado narraciones antiguas que provenían de la viva voz de la gente, y que estaban en riesgo de desaparición. Éstas corresponden a aquel tiempo en que por las noches, en las casas junto al fuego, cuando aún no existía la distracción de la radio ni el entoncemiento de la televisión, había que llenar las horas con historietas y chascarrillos, muchos con un fin didáctico y moralizante, pero todos quizá para evadirse de la cruda realidad.
Les anticipo aquí ocho de estos humildes "Cuentos del Rincón", que yo he fijado con la palabra escrita y puesto nombres a sus personajes, pero cuyo espíritu pertenece sólo al viento de la cultura:
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* Tres mil reales tengo en un cañar
* Zuro o maúro
* El testamento de Morinio Artéllez
* El hermano rico y el hermano pobre
* El labrador y el tejero
* La vaca del cura Chiquito
* La madre de los costales
* El grajo viejo
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Frases para la reflexión:

"SE CREYÓ LIBRE COMO UN PÁJARO, Y LUEGO SE SINTIÓ ALICAÍDO PORQUE NO PODÍA VOLAR"

"SE LAMÍA TANTO SUS PROPIAS HERIDAS, QUE SE LAS AGRANDABA"

"SI ALGUIEN ES CAPAZ DE MORIR POR UN IDEAL, POSIBLEMENTE SEA CAPAZ DE MATAR POR ÉL"

"SONRÍE SIEMPRE, PUES NUNCA SABES EN QUÉ MOMENTO SE VAN A ENAMORAR DE TI"

"SI HOY TE CREES CAPAZ DE HACER ALGO BUENO, HAZLO"

"NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE Y LO HIZO"

"NO HAY PEOR FRACASO QUE EL NO HABERLO INTENTADO"