INTRODUCCIÓN

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JOAQUÍN GÓMEZ CARRILLO, escritor de Cieza (Murcia), España. Es el autor del libro "Relatos Vulgares" (año 2004), así como de la novela "En un lugar de la memoria" (año 2006). Ha publicado igualmente cuentos, poesías y relatos en revistas culturales, como "La Sierpe y el Laúd", "Tras-Cieza", "La Puente", "La Cortesía", "El Ciezano Ausente", "San Bartolomé" o "El Anda"; o en el libro editado por Vita Brevis titulado "El hilo invisible". Así mismo, participa como articulista en el periódico "El Mirador de Cieza" bajo el título genérico: "El Pico de la Atalaya" (antes "La República de Cieza"). Ha publicado en internet el "Palabrario ciezano y del esparto".

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5/8/14

Las palabras perdidas

 .
Antigua estación del Chicharra, un tren de vía estrecha con locomotora de vapor que hacía el recorrido Cieza-Villena
El otro día les hablaba de que estamos olvidando el sentido que tenía antes la palabra “conserva” para los ciezanos de entonces, pues ¿cuánta gente joven es consciente hoy en día de la importante actividad conservera que se desarrollaba en Cieza? Poca. Es por eso que me inquieta muchas veces el pensar que todo un argot ciezano vaya quedando relegado al olvido. Y es lógico que haya términos o frases hechas que dejen de utilizarse con los cambios naturales de la vida, pero creo que sería conveniente hacer un poco “arqueología” del lenguaje y fijar en textos apropiados todas esas palabras perdidas y su carga de significado.

Se me viene a la cabeza, por ejemplo, la expresión “máquina fija”. Estos eran dos vocablos asociados entendibles por toda nuestra población de hace cincuenta o más años; lo que quiere decir que las generaciones que no alcanzan los cuarenta de edad, difícilmente tienen un concepto claro del porqué de esas palabras en relación con nuestro pueblo. Bien, pues paso a dejar una breve explicación de los citados términos.

A mitad del siglo XIX se instala el primer ferrocarril en España: el tramo Barcelona-Mataró, y el segundo es el de Madrid-Aranjuez, conocido posteriormente como el “Tren de la fresa”. A continuación se produce un desarrollo vertiginoso de los trazados férreos, lo cual proporciona puestos de trabajo por un tubo en todo el territorio nacional (imagínense túneles, trincheras, terraplenes, puentes, etc., con escasa maquinaria; casi todo a pico y pala). Bien, pues en 1865 se pone en funcionamiento el tramo Albacete-Cartagena, el cual, con algunos retoques posteriores, se mantiene casi intacto hasta hace cuatro días, pues yo he conocido las traviesas de madera y el raíl discontinuo, ¿se acuerdan del molesto “tacatán-tacatán” de los vagones?, pues no entraba en la sesera de los ingenieros españoles el “güevo de Colón” del raíl continuo (pensaban ellos que con las calores de la Meseta, las vías se iban a retorcer como churros y andaban erre que erre con las juntas de dilatación).

De la época de que les hablo las locomotoras eran de vapor; lo fueron por estos pagos hasta los sesenta o por ahí, pues cuando mi abuelo me llevó de la mano a conocer el tren, recuerdo vivamente que la máquina, además de la fumata negra mezclada con carbonilla, escupía vapor por entre las enormes bielas como un dragón antediluviano. Consecuencia de esta tecnología decimonónica era que, además de abastecerse de carbón de piedra, las calderas había que recargarlas de agua en las estaciones. De modo que, no sé si por la mentada fecha o después, tuvieron que instalar una bomba para elevar agua desde la acequia de los Charcos, que pasa por debajo del terraplén de la Ermita, hasta la Estación del ferrocarril. ¿Qué fuerza motriz iban a utilizar para ello? Pues la misma que ya conocían y que dominaban las empresas de ferrocarriles españoles: la máquina de vapor. De modo que, ni cortos ni perezosos, ahí mismo donde les digo, que si se fijan al pasar, todavía se ven unos muros junto a la carretera de las Ramblas, instalaron un artilugio que andaba con carbón y que producía un “¡chaca-chá!” como el “chaca-chá” del tren. Cosa que a la gente le hacía mucha gracia el oír el sonido de una supuesta locomotora encerrada en una caseta. Y es por eso que tenía plena validez la expresión “máquina fija”; pues lo mismo que hoy en día decimos “teléfono fijo” para diferenciarlo de los móviles, que son los que más abundan, aquellos ciezanos de antes, cuyas burras se espantaban de los bufidos del invento de vapor al pasar, significaban con la expresión la inmovilidad de aquella máquina allí varada bajo el quijero de la acequia, en contraposición a las otras “móviles” que tiraban de los convoyes por los caminos de hierro de España.

Cuando José Arcadio Buendía fundó Macondo en mitad de la selva caribeña (hablo de la novela “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez), hubo una especie de plaga bíblica sobre aquella población literaria, consistente en que las personas se olvidaban paulatinamente de las cosas, una especie de alzhéimer colectivo que amenazaba con destruir aquel proyecto de ciudad mítica. Entonces, el patriarca de los Buendía ideó poner carteles identificativos y explicativos a las cosas. Pensó, por ejemplo, que la vaca debía llevar uno que dijera: “Vaca. Da leche y hay que ordeñarla todas las mañanas”. De la misma manera, y como Cieza es un pueblo que se suele olvidar constantemente de aquellos elementos que han significado algo en su historia, propongo colocar carteles allá donde se precisen; en concreto, en el mencionado lugar, uno que exprese fielmente: “Máquina Fija. Aquí existió un artilugio de vapor para elevar desde la acequia hasta la Estación el agua que precisaban las locomotoras.”
©Joaquín Gómez Carrillo
(Publicado el 02/08/2014 en el semanario de papel "EL MIRADOR DE CIEZA")

2 comentarios:

  1. Anónimo18/8/14 9:57

    Magnífico artículo, como siempre sabes expresar con las palabras precisas y cuidadas al máximo detalle, es un placer leer cada uno de tus artículos.
    Un saludo," buen escritor"

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por el amable comentario.
    Saludos.

    ResponderEliminar

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Les anticipo aquí ocho de estos humildes "Cuentos del Rincón", que yo he fijado con la palabra escrita y puesto nombres a sus personajes, pero cuyo espíritu pertenece sólo al viento de la cultura:
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* Tres mil reales tengo en un cañar
* Zuro o maúro
* El testamento de Morinio Artéllez
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"SE CREYÓ LIBRE COMO UN PÁJARO, Y LUEGO SE SINTIÓ ALICAÍDO PORQUE NO PODÍA VOLAR"

"SE LAMÍA TANTO SUS PROPIAS HERIDAS, QUE SE LAS AGRANDABA"

"SI ALGUIEN ES CAPAZ DE MORIR POR UN IDEAL, POSIBLEMENTE SEA CAPAZ DE MATAR POR ÉL"

"SONRÍE SIEMPRE, PUES NUNCA SABES EN QUÉ MOMENTO SE VAN A ENAMORAR DE TI"

"SI HOY TE CREES CAPAZ DE HACER ALGO BUENO, HAZLO"

"NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE Y LO HIZO"

"NO HAY PEOR FRACASO QUE EL NO HABERLO INTENTADO"