INTRODUCCIÓN

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JOAQUÍN GÓMEZ CARRILLO, escritor de Cieza (Murcia), España. Es el autor del libro "Relatos Vulgares" (año 2004), así como de la novela "En un lugar de la memoria" (año 2006). Ha publicado igualmente cuentos, poesías y relatos en revistas culturales, como "La Sierpe y el Laúd", "Tras-Cieza", "La Puente", "La Cortesía", "El Ciezano Ausente", "San Bartolomé" o "El Anda"; o en el libro editado por Vita Brevis titulado "El hilo invisible". Así mismo, participa como articulista en el periódico "El Mirador de Cieza" bajo el título genérico: "El Pico de la Atalaya" (antes "La República de Cieza"). Ha publicado en internet el "Palabrario ciezano y del esparto".

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8/12/13

La montaña mágica

 .
"De la alta campana, la lengua de hierro..."
Camino hacia los Pirineos nos detendríamos a visitar Monserrat, aunque dejamos el coche algo más abajo del monasterio y subimos andando para no tener que pagar el peaje del último tramo del camino: ¡cuatrocientas pesetas! (Ya les dije que en Cataluña cobran por todo).

Así que el cuarto día levantamos el campamento. Ya teníamos gana de dejar la urbe de Barcelona y dirigirnos a los pueblos del interior; y también estábamos hartos del atronar de los aviones cuando se elevaban del aeropuerto del Prat, en cuyas cercanías estaba el camping cual una pequeña ciudad multirracial y multicultural a orillas de la playa.

Siempre que quitábamos las tiendas de campaña y recogíamos los cachivaches, parecía increíble que todo fuera a caber en el maletero del coche. Pero cabía, ¡vaya si cabía!; sólo era cuestión de optimizar los espacios y de buscar el lugar apropiado para cada cosa; únicamente la mesa y las sillas iban sobre las barras del coche. Pues siempre que viajábamos de camping, llevábamos lo justo, lo necesario y lo imprescindible para estar cómodos, de modo que así fue también en aquel viaje que hicimos a Cataluña, a finales de los noventa, Mari, nuestras tres hijas: Ana Sofía, Verónica del Alba y Victoria Elena, y yo.

 En los desplazamientos nos movíamos a placer, es decir, parando allá donde nos gustaba y tomándonos el tiempo para ver lo que queríamos. No obstante, la meta de aquel día era Seo de Urgel, villa episcopal cuyo obispo, junto con el presidente de la república francesa, ejerce de copríncipe del Principado de Andorra (un título anacrónico con nula incidencia en el gobierno actual del minúsculo país pirenaico; algo así como el de que el rey de España es también “Rey de Jerusalén”).

Pagando peajes sin parar nos dirigimos hacia el Túnel del Cadí, una maravilla de la ingeniería que atraviesa la sierra del mismo nombre a mil y pico metros de altitud. Nosotros ya conocíamos los túneles del Negrón en Asturias, bajo el puerto de Pajares, que son un rato largos, pero éste del Cadí tiene casi un kilómetro más de longitud: ¡cinco kilómetros y pico! (aunque nada que ver con el túnel de la M-30 en Madrid, que tiene más del doble de largo, un aburrimiento conduciendo bajo la ciudad).

Pero antes nos habíamos detenido a comer en Berga, un pueblo no muy grande de la provincia de Barcelona donde ya se respiraba el aire de la Cataluña interior: casi nadie era bilingüe natural y la gente hablaba el castellano de manera forzada cuado nos respondía. Por otra parte, conforme nos alejábamos del litoral, era más difícil sintonizar una emisora con programación en español. En Berga tuvimos que sacar dinero, y, como nada más que había entidades catalanas, nos pegaron un clave en el cajero. No obstante, nos hicieron unos bocadillos en una panadería que yo no recuerdo haber comido otro pan tan riquísimo como aquel, cuyo precio nos chapurreó en castellano la tendera.

A Seo de Urgel llegamos a buena hora. No serían más de las cinco o las seis, que en agosto es media tarde. Este pueblo tiene un rancio sabor medieval y está cercado por dos ríos: el Valira, de régimen torrencial, que desciende de los valles andorranos y el Segre, que nace en Francia y desemboca en el Ebro. Ambos ríos son de aguas bravas y cuando los Juegos Olímpicos de Barcelona-92, allí en Seo de Urgel se llevaron a cabo los descensos en piragua en un tramo acondicionado del Segre.

Sin prisa empezamos a plantar las tiendas en un camping de ensueño que había precisamente a la orilla del río Valira, con frondoso arbolado y el suelo alfombrado de césped. Mientras tanto, las chicas, libres como pájaros, se marcharon corriendo a la piscina, pero a los pocos minutos volvieron heladas como pingüinos, de lo fría que estaba el agua por allí.

Mas aquella mañana, a nuestro paso por Monserrat, habíamos contemplado la famosa talla oscurecida de la Virgen “Moreneta” y los teleféricos que elevan a los visitantes hasta territorio de águilas, entre enormes agujas rocosas que forman la montaña mágica. Sin embargo, el famoso tren de cremallera que hoy en día sube hasta el monasterio, no funcionaba entonces, pues aún no habían puesto en marcha el nuevo, y el primitivo y mítico tren de vapor, inaugurado en 1930, había quedado en desuso después de un trágico accidente por los años cincuenta.

También tengo que decir que en aquellos lugares maravillosos, tan visitados por creyentes y no creyentes, no fui capaz de obtener libro o folleto alguno en español; todo fue dar en piedra y recibir siempre la misma respuesta: “se han acabado”, decían. ¡Pues poned más!, replicaba yo.
©Joaquín Gómez Carrillo
(Publicado el 07/12/2013 en el semanario de papel "EL MIRADOR DE CIEZA")

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Cuentos del Rincón es un proyecto de libro de cuentecillos en el cual he rescatado narraciones antiguas que provenían de la viva voz de la gente, y que estaban en riesgo de desaparición. Éstas corresponden a aquel tiempo en que por las noches, en las casas junto al fuego, cuando aún no existía la distracción de la radio ni el entoncemiento de la televisión, había que llenar las horas con historietas y chascarrillos, muchos con un fin didáctico y moralizante, pero todos quizá para evadirse de la cruda realidad.
Les anticipo aquí ocho de estos humildes "Cuentos del Rincón", que yo he fijado con la palabra escrita y puesto nombres a sus personajes, pero cuyo espíritu pertenece sólo al viento de la cultura:
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* Zuro o maúro
* El testamento de Morinio Artéllez
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Frases para la reflexión:

"SE CREYÓ LIBRE COMO UN PÁJARO, Y LUEGO SE SINTIÓ ALICAÍDO PORQUE NO PODÍA VOLAR"

"SE LAMÍA TANTO SUS PROPIAS HERIDAS, QUE SE LAS AGRANDABA"

"SI ALGUIEN ES CAPAZ DE MORIR POR UN IDEAL, POSIBLEMENTE SEA CAPAZ DE MATAR POR ÉL"

"SONRÍE SIEMPRE, PUES NUNCA SABES EN QUÉ MOMENTO SE VAN A ENAMORAR DE TI"

"SI HOY TE CREES CAPAZ DE HACER ALGO BUENO, HAZLO"

"NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE Y LO HIZO"

"NO HAY PEOR FRACASO QUE EL NO HABERLO INTENTADO"