INTRODUCCIÓN

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JOAQUÍN GÓMEZ CARRILLO, escritor de Cieza (Murcia), España. Es el autor del libro "Relatos Vulgares" (año 2004), así como de la novela "En un lugar de la memoria" (año 2006). Ha publicado igualmente cuentos, poesías y relatos en revistas culturales, como "La Sierpe y el Laúd", "Tras-Cieza", "La Puente", "La Cortesía", "El Ciezano Ausente", "San Bartolomé" o "El Anda"; o en el libro editado por Vita Brevis titulado "El hilo invisible". Así mismo, participa como articulista en el periódico "El Mirador de Cieza" bajo el título genérico: "El Pico de la Atalaya" (antes "La República de Cieza"). Ha publicado en internet el "Palabrario ciezano y del esparto".

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2/9/14

Los comunicadores deberían saber

 .R
Réplica del galeón "Santísima Trinidad"
No es la primera vez que en estos artículos he abordado el asunto del lenguaje, pero como quiera que éste del periódico, y de mi página web “El Pico de la Atalaya”, me parecen espacios idóneos para ello, vuelvo a escribir sobre el tema. El caso es que a uno le indigna el que locutores de radio y de televisión, que supuestamente han estudiado y obtenido una titulación universitaria, y, en algunos casos, superado oposiciones para ocupar una plaza pública, tengan lapsus, vicios o directamente desconocimiento en la construcción de frases o la pronunciación de palabras en el ejercicio de su profesión. ¡Cómo se puede decir: “veintiún personas”!, como acabo de oír en Radio Nacional. ¡Hombre, por dios!, hay que saber hacer la concordancia de género entre el adjetivo y el sustantivo. Se dice: “veintiún hombres o veintiuna mujeres”, “setenta y un árboles o setenta y una flores”, “cien mil una pesetas o cien mil un euros” (quién los pillara...), etc. También suelen caer en el error de dar los porcentajes diciendo: “veintiún por ciento, treinta y un por ciento..., etc.”, cuando lo correcto es pronunciar “veintiuno, treinta y uno..., etc.” En fin, esto es solo un ejemplo de algo que, cayéndose por su peso, no hay manera de que expresen bien un buen número de comunicadores de los medios. Y no me estoy refiriendo a los políticos, que allá ellos si no saben hablar.

Otro fallo de concordancia que cometen los locutores a las tres menos dos es el de número entre el verbo y el sustantivo que hace de sujeto de la oración, y se les oye decir, por ejemplo: “se manifestaron a las puertas del Congreso un grupo de mineros llegados del Bierzo”, “vinieron a las fiestas de la localidad multitud de jóvenes” o “en torno a un millar de políticos de este país cobran sueldos exagerados” (y qué verdad que es). Cuando lo correcto sería expresar: “se manifestó un grupo de...”, “vino a las fiestas... multitud de...” o “en torno a un millar de… cobra sueldos exagerados”, pues en todas las frases, el sujeto va en singular.

En cuanto a la pronunciación de palabras que cambian el género gramatical del artículo (ya sea determinado o indeterminado) cuando van en singular, ahí se arman un lío y una confusión tremendos. Me refiero a palabras como: agua, águila, área, etc. Ya que decir “el agua o un agua”, “el águila o un águila” o “el área o un área” es correcto y se trata de una excepción a la regla. Mas estas mismas palabras con otros determinantes, su concordancia en género y número ha de ser la normal; es decir, que lo correcto es pronunciar: “esta agua o estas aguas”, “esta águila o estas águilas” y “esta área o estas áreas”. De modo que es muy cierto el dicho aquel de la gente, cuando asegura que “nunca se puede decir de este agua no beberé”; y es verdad, porque gramaticalmente es incorrecto y “no se puede decir”; ya que de aquélla de la que no estamos seguros que nunca beberemos es de “esta agua”, “¡de ésta!”

Tampoco tienen muy claro cómo abordar lo de la toponimia en otros idiomas y mezclan nombres en catalán, gallego o eusquera de pueblos o ciudades mientras hablan en español. Eso no es una incorrección gramatical, desde luego; pero qué pensarían ustedes si oyesen a alguien decir: “Este fin de semana voy a viajar a London”, “tengo una hija estudiando arte en Firenze” o “me han mandado un vino excelente de Bordeaux”. Pues pensarían que es una cursilada y una tontez como la copa de un pino, ya que tenemos en nuestro idioma unas espléndidas palabras para designar Londres, Florencia o Burdeos, y si estamos hablando en español, para qué vamos a cambiar el idioma al referirnos a dichas ciudades. Otra cosa muy distinta es que hablemos en inglés, en italiano o en francés, respectivamente; entonces sí. De modo que no hay que tener pudor para, cuando hablamos en español, decir Lérida, Gerona o La Coruña.

En cuanto a llamar “violencia de género” a aquella que se ejerce contra la mujer por parte del hombre, ya dijo la Real Academia en su día que era una denominación incorrecta por haberse traducido del inglés “gender violence”, en cuyo idioma suena fuerte la palabra “sex” (sexo) y solo la dejan para hablar de lo puramente sexual (ya me entienden), mas en español sí que se puede decir “sexo” sin problema; y, en lo referido a las personas, tenemos claro que solo hay un género: el humano, el cual se divide en dos sexos: masculino y femenino (éstos sexos no tienen nada que ver con los géneros gramaticales del mismo nombre, pues los individuos no tenemos “género”, ¡tenemos “sexo”!). Pero aun así, los políticos han insistido y los comunicadores han copiado de los políticos. De modo que cuando hablan de “violencia de género”, puede entenderse que quieren decir “de género machista”, lo cual tendría su sentido.
©Joaquín Gómez Carrillo
(Publicado el 30/08/2014 en el semanario de papel "EL MIRADOR DE CIEZA")

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"SI HOY TE CREES CAPAZ DE HACER ALGO BUENO, HAZLO"

"NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE Y LO HIZO"

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