Resistentes y muchos, son los bancos que han colocado estos días en el Paseo. Esperemos que los respeten y que duren largo tiempo. Aunque es de prever que así ocurra, pues al ser éstos de hierro fundido, como no se lleven una lima…
Antes de su última remodelación, por el ochenta y tantos más o menos, el Paseo –hasta poco antes aún tenía nombre: “de los Mártires” (el primer mártir según los Hechos de los Apóstoles fue San Esteban)–, conservaba todavía los bancos de piedra de hacía cuarenta y pico años atrás, de cuando arrancaron la verja de hierro y cortaron los frondosos pinos que lo circundaban, y le quitaron su nombre original: “de Marín Barnuevo” (aquello fue a principios de los cuarenta, cuando acababa de instalarse en España un nuevo régimen político).
En los años ochenta, los gobernantes locales también se propusieron darle un nuevo aspecto a este lugar tan emblemático y tan querido por los ciezanos (la verdad es que por entonces estaba ya bastante deteriorado), y quedó el Paseo prácticamente como ahora lo conocemos: con las pinturas de José Lucas en el suelo y columnas laterales y con unos hermosos y cómodos bancos de listones de madera pintados de blanco. Huelga decir que lo dejaron sin nombre, pues al parecer lo de “mártires” se podía interpretar, no como los que ha habido en la historia del cristianismo desde San Esteban hacia acá, sino precisamente como los miles de religiosos y seglares de nuestro país que fueron asesinados por sus creencias bajo el régimen de la última República.
¿Pero qué pasó con los bancos de listones de madera? Pues lo que pasa con muchas cosas en este pueblo, que como no cuidamos nada, en seguida comenzaron a estropearse; se subían para sentarse en el respaldo, saltaban sobre ellos y hasta arrancaban las maderas o las rompían a golpes por el estúpido placer de hacer daño. Y ya a finales de los noventa, otros dirigentes municipales también quisieron dejar su huella en el Paseo, y ordenaron ensanchar las aceras exteriores y colocar en ellas dos hileras de farolas y algunos bancos (no se tenía plena convicción de que aquí, para que algo dure, tiene que ser a casco de bomba y los pusieron también de madera).
Pasado el año dos mil, con el fin de adecentar en la medida de lo posible los espacios públicos, decidieron poner bancos nuevos en el Paseo y quitar los ya muy deteriorados de tablones; pero fueron sustituidos por otros más sencillos de tablas de madera, a los cuales sin embargo parece que les metían menos mano los vándalos locales. Y así han estado hasta ahora, que los responsables del Ayuntamiento han decidido cambiarlos por los de hierro fundido (el mismo modelo que están poniendo en el resto de calles y plazas de la villa). Pero lo acertado de la decisión no es sólo por la calidad y resistencia de éstos, sino por la cantidad: nada menos que sesenta bancos dentro del Paseo, más los de las aceras exteriores.
Por otra parte el Paseo sigue sin un nombre que lo identifique y tenemos que llamarle sólo por el genérico. Por cierto, ¿qué tal “Paseo de los Esparteros”? (que nada tiene que ver con el general J. Baldomero Fernández-Espartero que da su nombre a otra calle de Cieza, y sí mucha relación con la vida e industria de los ciezanos durante muchos años).
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