INTRODUCCIÓN

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JOAQUÍN GÓMEZ CARRILLO, escritor de Cieza (Murcia), España. Es el autor del libro "Relatos Vulgares" (año 2004), así como de la novela "En un lugar de la memoria" (año 2006). Ha publicado igualmente cuentos, poesías y relatos en revistas culturales, como "La Sierpe y el Laúd", "Tras-Cieza", "La Puente", "La Cortesía", "El Ciezano Ausente", "San Bartolomé" o "El Anda"; o en el libro editado por Vita Brevis titulado "El hilo invisible". Así mismo, participa como articulista en el periódico "El Mirador de Cieza" bajo el título genérico: "El Pico de la Atalaya" (antes "La República de Cieza"). Ha publicado en internet el "Palabrario ciezano y del esparto".

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16/12/14

La caída de la hoja

 .
Centro Niemeyer, Avilés
Ya están llegando los fríos. Bien saben ustedes que hasta hace cuatro días hemos disfrutado del buen tiempo (aquí, como bien dicen muchas personas, no hay término medio: o se suda o se le hielan a uno los huesos); así que ahora va tocando echarse la bufanda al cuello, meterse un jersey gordo de lana y calzarse unas buenas botas, para salir a contemplar uno de los espectáculos más bonitos de nuestros campos: la caída de la hoja.

Dos épocas del año hacen espectacular el paisaje de bancales y riberas en el término municipal de Cieza: la floración de los frutales a finales de febrero y marzo, y el momento en que los árboles caducifolios, barruntando el invierno que se avecina, van perdiendo sus hojas amarillentas. Si bello es el caleidoscopio multicolor de las flores, mágica es la estampa otoñal, pintada de amarillos y ocres, con que las ramas de los árboles se engalanan y el suelo se alfombra de hoja caída. Habría que hacer también un reclamo de otoño (aunque ya esté tocando a su fin la estación), para que la gente salga a los caminos y sienta frente al paisaje noble cómo se cierra un ciclo perfecto. Habría que entender lo efímero de esta vida y el rodar de los años en la cuesta abajo del tiempo, siendo observadores de este acontecimiento maduro y otoñal a campo abierto.

Pero no hace falta irse muy lejos. Ahí mismo está el paseo ribereño, que los políticos por cierto, en tanto que llega mayo próximo de elecciones municipales, han prometido alargar hasta el valle de Ricote, pero que nosotros, que no nos lo creemos todo, pensamos que con que lo prolongaran hasta el puente del Argaz, ya nos daríamos con un canto en los dientes. De manera que si pueden, dense una vueltecica por el Puente de Hierro, por el Molino Cebolla o por el Puente de Alambre, y verán qué imágenes tan bonitas y plenas de colorido. Y si no, atraviesen el Puente de los Nueve Ojos (una joya de la arquitectura de carreteras, con arcos de piedra trabajada de 18 o 20 metros de luz) y contemplen la lluvia amarilla con que se empiezan a deshojar los viejos olmos de la Hoya que flanquean la carretera de Mula. ¡Precioso lugar si construyesen una acera o un pequeño paseo por la parte de afuera de los enormes troncos! Sólo habría que tomar unos metros de terreno y hacer posible que se pueda ir caminando hasta el Maripinar, las Delicias o la Balsa de la Herradura, sin peligro alguno, ya que actualmente no hay arcén ni espacio peatonal en ese tramo de la estrecha carretera y cualquier coche te puede llevar para adelante en un abrir y cerrar de ojos.

Pero hay otras olmedas, más o menos descuidadas o que pasan desapercibidas, que también se visten de otoño a las puertas del invierno, como la del Camino de Abarán, frente a esos reductos cochambrosos de viejas industrias (allí hubo una fábrica de conservas vegetales: “La Ciezana”, en los tiempos en que en este pueblo aún había trabajo para todos y cientos de mujeres echaban durante los veranos la conserva), cuyos árboles, apiñados sobre lo que fue el quijero de la acequia del Fatego (ahora entubada bajo tierra), nos regalan su belleza en estos días; justo en ese lugar por donde muchas personas han de ir y venir caminando diariamente al Hospital sobre una estrecha y mal acondicionada acera.

También existe otro bosque de olmos frondosos en La Parra, pasado el grupo de casas donde estaba la escuela rural del mismo nombre y descendiendo hasta la acequia Andelma. Aquél es sin duda un bello paraje con su historia (abajo en el soto están los pozos del Grillo y del Pelao, de los que se extraen constantes caudales de agua del nivel freático del río y se bombean para regar campos como el Acho o Fomento Agrícola). Allí también, poco más arriba de la mencionada olmeda y pasada una gran curva del río con las orillas salvajes de boscosidad y ramas caídas, se hallan las dos Presas de Chápuli (el nombre se debe a la gran finca lindante del paraje de La Torre, propiedad hace ya bastante tiempo de aquel señorito del pueblo). De tales presas, construidas con peñones por hombres antiguos, que tenían un sentido práctico de la ecología, nacen las acequias de Los Charcos y de La Andelma: una para cada lado de la ribera. Si les pilla a camino, no dejen de darse una vuelta por aquellos lugares, pintados en estas fechas con los colores de un otoño que se nos va sin habernos dado cuenta. Menos mal que Fernando Galindo, apostado siempre tras el objetivo de su cámara, atrapa al vuelo los mejores momentos de luz de nuestra tierra, y, con maestría sin igual, sabe cómo sacarle los colores a los campos.
©Joaquín Gómez Carrillo
(Publicado el 13/12/2014 en el semanario de papel "EL MIRADOR DE CIEZA")

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Cuentos del Rincón es un proyecto de libro de cuentecillos en el cual he rescatado narraciones antiguas que provenían de la viva voz de la gente, y que estaban en riesgo de desaparición. Éstas corresponden a aquel tiempo en que por las noches, en las casas junto al fuego, cuando aún no existía la distracción de la radio ni el entoncemiento de la televisión, había que llenar las horas con historietas y chascarrillos, muchos con un fin didáctico y moralizante, pero todos quizá para evadirse de la cruda realidad.
Les anticipo aquí ocho de estos humildes "Cuentos del Rincón", que yo he fijado con la palabra escrita y puesto nombres a sus personajes, pero cuyo espíritu pertenece sólo al viento de la cultura:
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* Tres mil reales tengo en un cañar
* Zuro o maúro
* El testamento de Morinio Artéllez
* El hermano rico y el hermano pobre
* El labrador y el tejero
* La vaca del cura Chiquito
* La madre de los costales
* El grajo viejo
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Frases para la reflexión:

"SE CREYÓ LIBRE COMO UN PÁJARO, Y LUEGO SE SINTIÓ ALICAÍDO PORQUE NO PODÍA VOLAR"

"SE LAMÍA TANTO SUS PROPIAS HERIDAS, QUE SE LAS AGRANDABA"

"SI ALGUIEN ES CAPAZ DE MORIR POR UN IDEAL, POSIBLEMENTE SEA CAPAZ DE MATAR POR ÉL"

"SONRÍE SIEMPRE, PUES NUNCA SABES EN QUÉ MOMENTO SE VAN A ENAMORAR DE TI"

"SI HOY TE CREES CAPAZ DE HACER ALGO BUENO, HAZLO"

"NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE Y LO HIZO"

"NO HAY PEOR FRACASO QUE EL NO HABERLO INTENTADO"