INTRODUCCIÓN

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JOAQUÍN GÓMEZ CARRILLO, escritor de Cieza (Murcia), España. Es el autor del libro "Relatos Vulgares" (año 2004), así como de la novela "En un lugar de la memoria" (año 2006). Ha publicado igualmente cuentos, poesías y relatos en revistas culturales, como "La Sierpe y el Laúd", "Tras-Cieza", "La Puente", "La Cortesía", "El Ciezano Ausente", "San Bartolomé" o "El Anda"; o en el libro editado por Vita Brevis titulado "El hilo invisible". Así mismo, participa como articulista en el periódico "El Mirador de Cieza" bajo el título genérico: "El Pico de la Atalaya" (antes "La República de Cieza"). Ha publicado en internet el "Palabrario ciezano y del esparto".

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18/6/14

Iguales en el tiempo

 .
 El tiempo es una dimensión determinante en los seres vivos
Algunas veces he reflexionado sobre aquellas cosas que nos igualan y las que nos hacen sentir diferentes. ¿Ustedes se han detenido a pensar en eso? Me estoy refiriendo a igualdades y desigualdades entre las personas, sin parar en raza, credo u otra condición. Pues miren, he llegado a la conclusión que la mayoría de cosas que nos hacen iguales a todos los individuos son de origen natural; por el contrario, casi todo lo que nos distingue en desigualdad y en desventaja entre unos y otros es artificial, creado o impuesto por el mismo ser humano. Y si no, vean la historia.

Las clases sociales son y han sido un invento de minorías para justificar una posición ventajosa sobre las mayorías. Desde la más remota antigüedad ha habido en todos los pueblos y naciones castas dominantes, que inculcaban al resto de población su derecho a ocupar un estatus superior sin dar golpe. La edad media es un periodo de tiempo oscuro en que las desigualdades llegan a afectar incluso al campo de las libertades: los siervos están sujetos a la tierra del señor y éste dispone de ellos a su antojo. Hoy en día, todo se lleva con más disimulo. Algunas desigualdades llegan a tener rango institucional, pero al ciudadano se le hace creer que es soberano: “la soberanía reside en el pueblo”. Es una frase rotunda, rimbombante, que promete a todos el poder para regirse así mismos. Mas en realidad seguimos adscritos a los feudos de otros señores, de los señores que nos tiranizan con la energía, de los señores que nos acribillan a impuestos o de los señores que nos hipotecan la vida.

Los sistemas sociales creados por los hombres, aun predicando lo contrario, persisten en el negocio de las desigualdades: hay una clase política que pone y quita rey a su conveniencia, y una ciudadanía que se contenta con decidir cada cuatro años entre los platos precocinados que se le presentan: lentejas con chorizo, lentejas con butifarra o lentejas a lo pobre; lentejas en definitiva, sin más opción (¡ay si hubiera listas abiertas para poder marcar con el boli una crucecica...!) Hoy en día, en nuestra atribulada sociedad, la clase política misma es paradigma de desigualdad con el pueblo llano, cosa que en modo alguno puede ser natural.

Pero, ¿qué es aquello que más iguala a la gente entre sí? Hombre, en último término, la muerte. Todos somos iguales ante la muerte. Cuando llega la hora de la verdad, lo mismo estira la pata el obispo que el mendigo. Pero también existen otras cualidades naturales del hombre que nos hacen a todos iguales, como es la dignidad. ¡Que nadie pretenda ser más digno que nadie! La dignidad es inherente a toda persona y todo el mundo merece ser tratado con la misma dignidad, tanto el juez como el reo, llegado el caso.

En algunos pueblos, ¡qué sinrazón!, también se ha mantenido la discriminación artificial por razón de sangre. Los faraones del antiguo Egipto, decían que descendían de dios, que tenían sangre divina, sólo para perpetuarse en el poder los muy bandidos y conseguir que la gente picara piedra de por vida para construir las pirámides, ¡pos no sabían na los faraones...! Más modernamente, se inventó aquella otra estulticia de la sangre azul, falsedad mantenida con el objeto de heredar el poder o la supremacía social los individuos de ciertas familias en función de su parentesco; reminiscencia de otro tiempo que sigue planteando a veces una enorme desigualdad entre las personas de un mismo pueblo o país.

 Por supuesto, en modo alguno nos iguala el tributar a la hacienda pública, ya que unos gozan privilegios y otros picamos billete. Los que ostentan el poder del capital utilizan artimañas legales para pagar una birria de impuestos (el sistema está hecho a su medida). Y a los que no, nos sacan el saín por todos lados. Llegados a este punto, alguien podría pensar que la desnudez, como estado natural del ser humano, también es cosa que iguala a las personas. ¿Se imaginan a Botín desnudo...?, ¿o a Rouco Varela, o a la Duquesa de Alba...?

Mas yo creo que hay algo en este mundo que pone a todo quisque en un mismo plano: el tiempo. El paso del tiempo es implacable y nos hace a todos exactamente iguales, al opresor y al oprimido, al capitalista y al obrero, al príncipe y al paria. Y no porque algunos se hagan mil operaciones, como la Preysler, que parece que lleva la cara de porcelana, van a eludir el paso del tiempo. El tiempo está ahí todas las mañanas, agazapado tras del espejo del baño, dibujándonos el mapa de líneas de la cara como los círculos concéntricos de los troncos de los árboles. En definitiva, las leyes naturales del tiempo, de ese tiempo cósmico que rige el universo desde el big-bam, son leyes igualitarias para todos los seres vivos y por ende para el género humano. Somos iguales en el tiempo, no lo duden.

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Cuentos del Rincón es un proyecto de libro de cuentecillos en el cual he rescatado narraciones antiguas que provenían de la viva voz de la gente, y que estaban en riesgo de desaparición. Éstas corresponden a aquel tiempo en que por las noches, en las casas junto al fuego, cuando aún no existía la distracción de la radio ni el entoncemiento de la televisión, había que llenar las horas con historietas y chascarrillos, muchos con un fin didáctico y moralizante, pero todos quizá para evadirse de la cruda realidad.
Les anticipo aquí ocho de estos humildes "Cuentos del Rincón", que yo he fijado con la palabra escrita y puesto nombres a sus personajes, pero cuyo espíritu pertenece sólo al viento de la cultura:
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* Tres mil reales tengo en un cañar
* Zuro o maúro
* El testamento de Morinio Artéllez
* El hermano rico y el hermano pobre
* El labrador y el tejero
* La vaca del cura Chiquito
* La madre de los costales
* El grajo viejo
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Frases para la reflexión:

"SE CREYÓ LIBRE COMO UN PÁJARO, Y LUEGO SE SINTIÓ ALICAÍDO PORQUE NO PODÍA VOLAR"

"SE LAMÍA TANTO SUS PROPIAS HERIDAS, QUE SE LAS AGRANDABA"

"SI ALGUIEN ES CAPAZ DE MORIR POR UN IDEAL, POSIBLEMENTE SEA CAPAZ DE MATAR POR ÉL"

"SONRÍE SIEMPRE, PUES NUNCA SABES EN QUÉ MOMENTO SE VAN A ENAMORAR DE TI"

"SI HOY TE CREES CAPAZ DE HACER ALGO BUENO, HAZLO"

"NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE Y LO HIZO"

"NO HAY PEOR FRACASO QUE EL NO HABERLO INTENTADO"