INTRODUCCIÓN

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JOAQUÍN GÓMEZ CARRILLO, escritor de Cieza (Murcia), España. Es el autor del libro "Relatos Vulgares" (año 2004), así como de la novela "En un lugar de la memoria" (año 2006). Tiene publicados cuentos, poesías y relatos, en revistas literarias, como "La Sierpe y el Laúd", "Tras-Cieza", "La Puente", "La Cortesía", "El Ciezano Ausente", "San Bartolomé" o "El Anda". Es coautor en los libros "El hilo invisible" y "El Melocotón en la Historia de Cieza". Participa como articulista en el periódico "El Mirador de Cieza" bajo el título genérico: "El Pico de la Atalaya" (antes "La República de Cieza"). Ha publicado en internet el "Palabrario ciezano y del esparto".

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25/7/20

De carácter gregario

 .
Flor de la cerraja, muy abundante en los campos de Cieza
No les oculto que esto, día a día, va a más; que los propios responsables profesionales de las áreas sanitarias ya empiezan a dudar de si estamos en «meseta» o en «segunda ola» (en meseta quiere decir una cosa mantenidica, piano, piano, sin grandes picos de contagio: solo rebrotes por aquí, rebrotes por allá, controlados como dios nos encamina y sin llamar mucho la atención con las cifras de los que se van al otro barrio; y en segunda ola es ya el Miura más temido, el que está por llegar, porque segundas partes nunca fueron buenas, y puede que se alcancen cotas muy altas de contagio y de saturación hospitalaria y de morgues). Pero esta duda de si «meseta» o «segunda ola», repito que la he escuchado a profesionales cualificados, no a políticos, obviamente. Yo personalmente espero que la Sanidad en su conjunto se encuentre más preparada que en marzo y abril, que haya más personal sanitario para contratar según necesidades, que se pongan rigurosos «cortafuegos» a las residencias de ancianos, que haya capacidad hospitalaria y de UCI, con sus respiradores y demás cachirulos; que el ejército español, profesional, ahora que no pega tiros en guerras lejanas, salga de los cuarteles y se especialice en tareas de combate del enemigo invisible; que existan EPI (equipos de protección individual) suficientes para todos nuestros sanitarios, que haya más que suficientes PCR, o como se llame a esos aparaticos de hacer las pruebas a los sospechosos; que tengan preparados fármacos de sobra, de los que palían los efectos nocivos del Covid y en algunos casos hasta lo curan; y que haya unidad y unanimidad de políticos inteligentes (eso es más difícil), que no mientan y que no anden a la greña en situaciones tan dramáticas y dolorosas.

De momento, y en cuanto a la prevención de los contagios, estamos en una fase importante: la fase de la instauración de la mascarilla (como cuando Esquilache instauró la capa corta por las bravas); ya saben que durante meses, nuestros políticos responsables, en lugar de decirnos que habían sido unos mantas en el ejercicio de sus funciones y no se habían molestado en hacer acopio de mascarillas cuando les previno con tiempo la OMS y que lo sentían mucho pero que nos tapáramos la cara con lo que tuviéramos a mano, pues lanzaban balones fuera diciendo que no hacía falta, que con andar separados unos de otros era suficiente; pero eso era una sandez como un catre, señores del gobierno, ¿no saben ustedes que la sociedad española es gregaria? Nuestros niños son gregarios, nuestros adolescente son altamente gregarios, y los jóvenes como más a gusto se encuentran es todos juntitos, porque el gregarismo lo llevamos en los genes, y si no estamos todos apiñados, rozándonos unos con otros, no somos felices. Y eso lo tiene que saber los gobernantes y demás sabios a sueldo, porque habrán estudiao algo de sociología, digo yo. Lo saben todos. A una sociedad bastante gregaria, como la nuestra, no le puedes pedir que deje espacio interpersonal, ¡total na!: antes muerta que cada cual por su lado. (Me viene a la cabeza, y perdonen por la comparación, cuando uno va con el coche por un camino y hay un rebaño de ovejas a ambos lados; ¡peligro!, pues no hay nada más gregario en el mundo que las borregas: si se le ocurre a una cruzar, cruzan todas, ¡aunque se estrellen contra el coche!; en ellas es ley el gregarismo ciego.)

Entonces, como lo de recomendar la separación y dejar distancia interpersonal no tiene éxito, o si acaso una repercusión limitada, veo bien la imposición de mascarilla para todos y en todo momento en que alguien pise la vía pública (la excepción del deporte no está bien especificada, pues hay personas que van a la orilla del río, digamos que a dar un paseíto, a hacer un poco de vida social y en modo alguno a subir pulsaciones, ya me entienden, y además gregariamente juntitas, que es lo propio). Pues eso, mascarilla; yo siempre lo he dicho, desde la primera castaña: si todo el mundo lleva mascarilla, retiene sus micropartículas de su boca y nariz. La regla es que yo protejo al de enfrente y necesito que el de enfrente me proteja a mí. Así de claro y así de sencillo, y así de barato, y así de eficaz. Yo salgo a la calle protegido para proteger, ¿entienden? Pero empiezo a ver fulanos con la mascarilla de barboquejo, o sea, en la papada. Oiga, pero si ha dicho el presidente de la Región de Murcia que todo dios con mascarilla, ¿por qué hay gente tan díscola que no le da la gana cumplir con la norma? Y si te fijas en ciertos sectores étnicos, no te digo na (ya sé que no se puede decir, pero ¡mecagüendiez!, ¿es que los «no payos», por ejemplo, son hijos de la polla roja?).

El caso es que hay que conseguir, al menos para lo que queda de año y ya veremos si para el que viene también, que la mascarilla, ¡bien colocada, tapando nariz y boca!, sea una prenda de uso ordinario al salir a la puerta de la calle. Nos tenemos que acostumbrar todos, sin distinción de raza, religión o condición social, ya me entienden. Todo el mundo ejerciendo la solidaridad y el respeto con el prójimo: yo me la pongo para proteger al otro; y exijo que el otro la lleve para protegerme a mí. ¿Y qué hacemos con los que se creen hijos de la polla roja, los que «pasan» de ser solidarios y respetuosos con las normas sociales?, pues ahí tiene un filón el ayuntamiento, ¡Joel!, cada agente municipal, si está atento (y ha recibido la orden de hacer cumplir la norma, que es bien para todos), pos se saca en un día el sueldo del mes, ¡o más!
©Joaquín Gómez Carrillo

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Cuentos del Rincón

Cuentos del Rincón es un proyecto de libro de cuentecillos en el cual he rescatado narraciones antiguas que provenían de la viva voz de la gente, y que estaban en riesgo de desaparición. Éstas corresponden a aquel tiempo en que por las noches, en las casas junto al fuego, cuando aún no existía la distracción de la radio ni el entoncemiento de la televisión, había que llenar las horas con historietas y chascarrillos, muchos con un fin didáctico y moralizante, pero todos quizá para evadirse de la cruda realidad.
Les anticipo aquí ocho de estos humildes "Cuentos del Rincón", que yo he fijado con la palabra escrita y puesto nombres a sus personajes, pero cuyo espíritu pertenece sólo al viento de la cultura:
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* Tres mil reales tengo en un cañar
* Zuro o maúro
* El testamento de Morinio Artéllez
* El hermano rico y el hermano pobre
* El labrador y el tejero
* La vaca del cura Chiquito
* La madre de los costales
* El grajo viejo
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Frases para la reflexión:

"SE CREYÓ LIBRE COMO UN PÁJARO, Y LUEGO SE SINTIÓ ALICAÍDO PORQUE NO PODÍA VOLAR"

"SE LAMÍA TANTO SUS PROPIAS HERIDAS, QUE SE LAS AGRANDABA"

"SI ALGUIEN ES CAPAZ DE MORIR POR UN IDEAL, POSIBLEMENTE SEA CAPAZ DE MATAR POR ÉL"

"SONRÍE SIEMPRE, PUES NUNCA SABES EN QUÉ MOMENTO SE VAN A ENAMORAR DE TI"

"SI HOY TE CREES CAPAZ DE HACER ALGO BUENO, HAZLO"

"NO SABÍA QUE ERA IMPOSIBLE Y LO HIZO"

"NO HAY PEOR FRACASO QUE EL NO HABERLO INTENTADO"